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9.4.10

Una placa para Yolanda Oreamuno


A veces pienso que nuestro país vive un tipo grave de esquizofrenia rematada con una terrible amnesia (a no ser que una cosa sea consecuencia de la otra). Por un lado nuestros gobiernos y sectores bien pensantes tienen grandes momentos de inspiración que los llevan a invertir en costosísimos proyectos artísticos y culturales, pero por otro nos olvidamos de ponerle al menos una placa a la tumba de la que ha sido, sin duda, la más destaca escritora que ha tenido nuestro país, me refiero a Yolanda Oreamuno. El caso lo investigó hace ya algún tiempo el blog amigo Miasfera. Como consecuencia de esa constatación, dicho blog inició una pequeña campaña entre algunos admiradores de Yolanda con el propósito de recaudar fondos para mandar a elaborar y colocar una modesta placa. Desgraciadamente, luego de varias semanas de esfuerzo no ha sido posible completar la suma necesaria para ese efecto (unos cien mil colones). Desde acá nos sumamos a la iniciativa y hacemos un llamado por si alguien quiere apuntarse a colaborar. En ese caso sería bueno que se pusieran directamente en contacto con Juan Pablo Morales, autor del referido blog.

Por lo demás, las dos imágenes que presento aquí no sé si sean muy conocidas. Tengo la impresión de que no, pero no podría asegurarlo. El retrato que encabeza esta entrada es la digitalización de una foto original de una pintura de Gonzalo Morales, foto que conservaba mi padre entre sus papeles junto con otros documentos referidos a Yolanda y que podría datar de los años 70. De acuerdo a un pequeño texto adjunto a la fotografía, éste óleo pertenece a la colección particular de Iris Echevarría, pero eso era en aquella época y no sé si esa sigue siendo la situación de la obra actualmente.

Por otra parte, la siguiente imagen es la reproducción de un desnudo de Yolanda ejecutado por la acuarelista Margarita Bertheau (igualmente presente entre los papeles de mi padre, pero no como fotografía original, sino como simple recorte de alguna revista). Ignoro en qué manos se encuentra ahora esa obra. Hay que destacar que tanto Morales como Bertheau retrataron en varias ocasiones a la escritora y en mi opinión lo hicieron con maestría.


Actualización del 17 de agosto del 2010: Según supe por un estimable cometarista, el desnudo se encontraba hasta hace muy poco en la casa de Vera Tinoco, quien fue gran amiga de Yolanda y murió a principios de año. Esto me fue confirmado la semana pasada por otras personas cercanas a esa familia.

Actualización al 18 de agosto del 2010: Al parecer, según me han dicho en los comentarios, hay razones para pensar que este desnudo no representa en realidad a Yolanda, sino a otra mujer que quiso mantener su identidad protegida, y se dijo que era de Yolanda como una suerte de escudo. Solo me pregunto si eso se hizo con su consentimiento o si se instrumentalizó su nombre de algún modo, quizás en ausencia de ella.

12.11.08

Juntos una vez

He aquí, a simple vista, una banal foto de grupo. Pero observada más en detalle vemos ésto:


¡Don Joaquín y Yolanda Oreamuno, codo a codo, inmortalizados por una única vez en la vida! No tengo conocimiento de otra foto donde aparezcan juntos y mucho menos tan cerca el uno del otro. Esto ocurrió el 29 de octubre de 1943 en la legación del Ecuador, durante una recepción ofrecida al historiador ecuatoriano Abel Romero Castillo (quien aparece a la derecha de don Joaquín) .

A la izquierda de Yolanda está su segundo marido: el redactor del Código de Trabajo que fue promulgado en agosto de aquel mismo año por el gobierno de Calderón Guardia... Oscar Barahona Streber (1916-2004), gran personaje de quien se divorciaría menos de dos años después. ¿Estará la impronta de Yolanda de algún modo presente en el código a través de algún consejo o idea referentes a su fondo o a su forma?

De los demás asistentes no sabemos nada, pero sí el nombre del fotógrafo porque aparece en un sello al dorso de la foto: Néstor Castillo. Nótese que bajo la silla del extremo izquierdo también posa un perrito y por ello, hasta donde sé, ésta es la única foto que de algún modo reune a don Joaquín con algún animalito o mascota, lo que de ningún modo quiere decir que él les tuviera aversión. Más bien creo que los consideraba mucho ya que era un enamorado de las labores del campo y de la naturaleza en general. Pero otro día hablaré de ello.

¿Qué estará mirando don Joaquín (siempre tan observador) y qué le hará tanta gracia a Yolanda? Es la foto más espontánea que conozco de ella. En ninguna otra de las que he visto se muestra tan sonriente. En don Joaquín hay una sonrisa un poco más pronunciada que lo usual. Lo más común es ver fotos donde él aparece con una sonrisa muy sutil al estilo de la Mona Lisa, cuando no francamente serio. Lo más probable es que no quede traza fotográfica de cómo eran los dientes de mi abuelo porque todo indica que nunca los llegó a mostrar delante de una cámara, lo que dice mucho de su talante.

10.11.08

Para un rincón del cariño


El segundo descubrimiento al que hacíamos referencia en nuestra anterior entrada, lo tienen delante de sus ojos aquí arriba. Es un rarísimo retrato de Yolanda Oreamuno que tuve que restaurar digitalmente porque no se encontraba en tan buen estado como el anterior (que no tiene ningún retoque). Esta vez el original presentaba rasguños en la parte superior y antiguas manchas de huellas digitales en su contorno, defectos que hicimos desaparecer.

Esta foto tiene una particularidad muy llamativa y es su fuerte color naranja en las altas luces, el cual contrasta en las bajas con una especie de negro tornasolado que recuerda el efecto de una solarización. Al hacer la digitalización le dimos mayor contraste a los negros porque de otro modo la foto aparecía muy plana, por lo que el efecto tornasolado no es muy perceptible en la imagen que presentamos. He estado investigando sobre el procedimiento histórico de virado al naranja, pero no he encontrado ningún ejemplo tan contundente como el visible en este retrato. Puede ser que se trate de un tipo de sepia muy fuerte. También puede ser que con los años la foto haya sufrido algún tipo de alteración química con el resultado que vemos. Sea lo que sea, eso particulariza éste retrato, que por lo demás es bastante grande (19X24 cm).

En la dedicatoria es perceptible la pluma poética de Yolanda: "Don Joaco... Este retrato oscuro, de penumbra para un rincón de su cariño". A diferencia de la dedicatoria anterior ésta no lleva fecha. Sin embargo, se nota un cambio de tono. Ésta aparece menos formal, más íntima, lo que nos indica que los años han pasado y que la relación entre ambos literatos se ha profundizado... ya ella espera un lugar en un rincón del cariño de don Joaquín.

Para mi gusto, éste es el retrato fotográfico más hermoso de cuantos conozco de Yolanda Oreamuno. Rodeada de esa penumbra y delineada por tan cálidos contornos, ella aparece como un personaje muy misterioso, frágil y reflexivo, incluso se podría decir que maternal, lo que la emparenta con ciertos personajes que vemos en cuadros de La Tour. Algo que va a contrapelo de esa aura de vampiresa o tigresa con que a menudo se la percibe. Lástima que no aparezca por ningún lado el nombre del fotógrafo(a) que la vio así.

Actualización al 12 de noviembre
: Guiado por el índice del Repertorio Americano que preparó Evelio Echeverría, repasé los números que contenían retratos de Yolanda Oreamuno y no encontré ninguno de los que he presentado aquí. En realidad solo hay uno que se repite en un par de artículos y se trata de un retrato frontal parecido al de mi entrada anterior, pero sin ese plus que confiere la dedicatoria y por ello más ordinario.

También revisé el libro de Victoria Urbano sobre Yolanda, pero no viene ninguna foto (al menos en la édición que tengo, que es la primera de 1968). El de Rima de Vallbona no lo he podido consultar porque por extraño encantamiento desapareció de mi biblioteca (en todo caso yo juraba que hubo un ejemplar en algún momento). Lastimosamente tampoco tengo los de otros autores que también han estudiado a Yolanda Oreamuno. Así que todavía no puedo afirmar que estos retratos sean completamente inéditos.

(Por cierto, el material que hay sobre Victoria Urbano en la Universidad de Texas es impresionante)

8.11.08

Yolanda Oreamuno... ¡Qué mujer!


Yo creía conocer bastante bien el material del archivo García Monge que organizó mi padre. No es que lo hubiera leído todo ni mucho menos... hay tantísima cosa... pero creía saber con bastante certeza de qué piezas se compone. Sobre todo había repasado muchas veces las fotos existentes. Sin embargo, ayer hice un descubrimiento sorprendente. Dentro de una carpeta donde yo creía que había solamente algunos recortes de periódico sobre Yolanda Oreamuno coleccionados por mi padre, me encontré, cuidadosamente guardada en una bolsita plástica, la foto que ven arriba y otra cosita que mostraré otro día. Puedo decirles que fue un instante mágico, una epifanía de Yolanda. Para mí fue como haber encontrado el retrato, en perfecto estado, de una misteriosa princesa del tiempo de los faraones. Al instante me sentí fulminado por la belleza absolutamente impactante de esta mujer. Podría incluso afirmar que caí en una especie de vértigo y experimenté algo parecido al enamoramiento a través de este retrato hechicero. Si como lo creen ciertas tribus indígenas, el retrato fotográfico se roba el alma de las personas, ésta era la demostración. El espíritu rebelde y formidable de Yolanda palpitaba en esos ojos abstraídos que volvían a ver la luz desde hace quien sabe cuántos años... décadas tal vez.

No sé si mi padre le habrá mostrado este retrato a alguien. Supongo que sí. Probablemente le haya enviado una copia a Rima de Vallbona y a Victoria Urbano, dos mujeres que le dedicaron sendos libros a Yolanda Oreamuno y con quienes él mantuvo en algún momento correspondencia. Lamentablemente no tengo ahorita estos libros a mano para revisar si se encuentra en ellos una reproducción de esta foto. Tampoco tengo conmigo el Repertorio Americano, para ver si fue publicado por mi abuelo. En todo caso, sea inédito o no, lo pongo acá porque creo que también merece compartirse por Internet. Luego verificaré en las publicaciones referidas si aparece el retrato.

En la dedicatoria se leen las siguientes palabras escritas en tinta azul: "Para don Joaquín con respetuoso y agradecido afecto". La firma es algo ilegible, pero es la de Yolanda Oreamuno. La he cotejado con la que aparece en la dedicatoria de un ejemplar de "La ruta de su evasión" que había mostrado antes en este blog y se parece bastante. La fecha de la dedicatoria en la foto sí es clara: 16 de febrero de 1940. Yolanda tenía entonces casi 24 años (los cumpliría el 8 de abril).

En la parte inferior aparece otra firma en tinta negra, supongo que es la firma del fotógrafo (a). Lo que alcanzo a descifrar es lo que dice: ¿XX Díaz? ¿Alguien logra leer bien? Por detrás de la foto, escrito en lápiz aparece una fecha anterior a la ya señalada: 1939.

Si se observa con cuidado el retrato, se nota que las pestañas están realzadas mediante un retoque manual finísimo. ¿Será esta aplicación de "rimmel fotográfico" obra del retratista o de la misma Yolanda? Tendemos a pensar que es obra del primero, porque en aquella época se acostumbraba que los fotógrafos retocaran las fotos de ese modo para dar una sensación de mayor acutancia. Hoy se hacen cosas parecidas, pero por medios digitales. Por último hay que señalar que el gramaje del papel donde fue tirada la foto es bastante elevado, es prácticamente un cartón.

16.7.06

Una dedicatoria de Yolanda Oreamuno




El ocho de este mes se celebró medio siglo de la muerte de Yolanda Oreamuno. Por ello hoy les presento la dedicatoría de uno de los libros más preciados de mi biblioteca: El ejemplar de "La Ruta de su Evasión" que ella le enviara a don Joaquín desde Guatemala.

En días posteriores iré sacando otras joyitas que tengo por ahí sobre Yolanda.

Nota: Para ver bien la dedicatoria basta hacer click sobre la imagen y utilizar el zoom en la esquina inferior derecha para agrandarla.