8.11.08

Yolanda Oreamuno... ¡Qué mujer!


Yo creía conocer bastante bien el material del archivo García Monge que organizó mi padre. No es que lo hubiera leído todo ni mucho menos... hay tantísima cosa... pero creía saber con bastante certeza de qué piezas se compone. Sobre todo había repasado muchas veces las fotos existentes. Sin embargo, ayer hice un descubrimiento sorprendente. Dentro de una carpeta donde yo creía que había solamente algunos recortes de periódico sobre Yolanda Oreamuno coleccionados por mi padre, me encontré, cuidadosamente guardada en una bolsita plástica, la foto que ven arriba y otra cosita que mostraré otro día. Puedo decirles que fue un instante mágico, una epifanía de Yolanda. Para mí fue como haber encontrado el retrato, en perfecto estado, de una misteriosa princesa del tiempo de los faraones. Al instante me sentí fulminado por la belleza absolutamente impactante de esta mujer. Podría incluso afirmar que caí en una especie de vértigo y experimenté algo parecido al enamoramiento a través de este retrato hechicero. Si como lo creen ciertas tribus indígenas, el retrato fotográfico se roba el alma de las personas, ésta era la demostración. El espíritu rebelde y formidable de Yolanda palpitaba en esos ojos abstraídos que volvían a ver la luz desde hace quien sabe cuántos años... décadas tal vez.

No sé si mi padre le habrá mostrado este retrato a alguien. Supongo que sí. Probablemente le haya enviado una copia a Rima de Vallbona y a Victoria Urbano, dos mujeres que le dedicaron sendos libros a Yolanda Oreamuno y con quienes él mantuvo en algún momento correspondencia. Lamentablemente no tengo ahorita estos libros a mano para revisar si se encuentra en ellos una reproducción de esta foto. Tampoco tengo conmigo el Repertorio Americano, para ver si fue publicado por mi abuelo. En todo caso, sea inédito o no, lo pongo acá porque creo que también merece compartirse por Internet. Luego verificaré en las publicaciones referidas si aparece el retrato.

En la dedicatoria se leen las siguientes palabras escritas en tinta azul: "Para don Joaquín con respetuoso y agradecido afecto". La firma es algo ilegible, pero es la de Yolanda Oreamuno. La he cotejado con la que aparece en la dedicatoria de un ejemplar de "La ruta de su evasión" que había mostrado antes en este blog y se parece bastante. La fecha de la dedicatoria en la foto sí es clara: 16 de febrero de 1940. Yolanda tenía entonces casi 24 años (los cumpliría el 8 de abril).

En la parte inferior aparece otra firma en tinta negra, supongo que es la firma del fotógrafo (a). Lo que alcanzo a descifrar es lo que dice: ¿XX Díaz? ¿Alguien logra leer bien? Por detrás de la foto, escrito en lápiz aparece una fecha anterior a la ya señalada: 1939.

Si se observa con cuidado el retrato, se nota que las pestañas están realzadas mediante un retoque manual finísimo. ¿Será esta aplicación de "rimmel fotográfico" obra del retratista o de la misma Yolanda? Tendemos a pensar que es obra del primero, porque en aquella época se acostumbraba que los fotógrafos retocaran las fotos de ese modo para dar una sensación de mayor acutancia. Hoy se hacen cosas parecidas, pero por medios digitales. Por último hay que señalar que el gramaje del papel donde fue tirada la foto es bastante elevado, es prácticamente un cartón.

10 comentarios:

J.P.P. Morales dijo...

Aún me falta mucho por leer, pero tengo la firme creencia de que Yolanda Oreamuno es la más grande escritora que ha producido este país. Si no, cuando menos la autora de la mejor novela costarricense, obviamente me refiero a "La Ruta de su Evasión". Desde que leí esa novela y varios otros textos de su autoría he sentido una gran fascinación por esta escritora. Siempre había querido ver una foto de su juventud, y me encuentro con esta sorpresa. Casi 24 años... un poco menos de la edad que tengo ahora. Me pregunto lo que habrá sido mirar esos ojos directamente, en persona... me da escalofríos solo de imaginármelo.

Isabel dijo...

Dede luego, el trabajo de Yolanda Oreamuno sobrepasa toda capacidad de estudio y comprensión, de ahí que se le dedique poco examen a su producción. Por eso, lo que siempre lamento es la incómoda obigación de colocar la imagen por encima de la persona: es común llenar de halagos su materialidad, cuando esa misma materialidad siempre ha estado suprimida y "exprimida" en su cerebro de escritora.

Quimera dijo...

Isabel, le agradezco mucho su visita y comentario, pero quería aclararle lo siguiente: yo no he querido en ningún momento colocar la imagen por encima de la persona, si es a eso a lo que se refiere. Sencillamente he querido transmitir la emoción de encontrar un documento desconocido sobre Yolanda Oreamuno. Y aunque casualmente se trate de una imagen, es un hecho bastante sorprendente en sí. Al menos eso sentí yo y fue lo que quise compartir. Desde luego ello no niega las grandes cualidades presentes en la obra de Yolanda Oreamuno que merecería leerse y estudiarse más.

Sin embargo, yo lo he dicho en otros momentos: no soy literato, así que no hay que esperar de mí ni de este blog ningún estudio sobre la obra de Yolanda Oreamuno ni mucho menos. Para eso hay personas infinitamente mejor informadas y más capacitadas. Lo mismo aplica para otros autores aquí mencionados.

La invito cordialmente a revisar la primera entrada de este blog donde explico cuál es su propósito.

Isabel dijo...
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Isabel dijo...

Quimera, ya la había revisado y quizás Ud. malinterpretó lo que anoté, pero no importa... yo visito su blog, porque es de los mejores que he visto y porque no puedo dejar de encontrar en él: siluetas del Repertorio Americano, quizás porque por sus venas Ud. lleva algo del Repertorio y, francamente, lo admiro por eso.
Ahora, por lo que toca a la señora Oreamuno Unger lo que por desgracia se obvia cuando se habla de ella -y que le confieso: me choca hasta lo más profundo de mi costarriqueñidad- es que, precisamente, el espacio para que Y.O o Ego creciera, en las letras costarricenses y se volara, fue el que le dio D. Joaquín allá en el apartado Qué hora es? del Repertorio Americano y nunca dicen nada... Como leí en alguna parte del trabajo de Jorge Luis Borges: "siempre se pierde algo... lo esencial"... ¿Ud. qué opina?
Por cierto, le quería hacer una pregunta, tengo curiosidad: ¿no ha encontrado la nota en la que Y.O le dice a D. Joaquín que se va para Guatemala y que ella deja aquí tres mitos: ella misma, el propio D. Joaquín y Ricardo Jiménez Oreamuno?
¡Gracias por Su trabajo y Su amable contesta!

Nota: la primera vez que tuve en mis manos un Repertorio Americano fue en la escuela, a principios de los ochenta; después, a finales de los ochenta, vi una fotografía de D. Joaquín García Monge y de inmediato supe que era él: ¡¡el señor del Repertorio Americano!! y hoy, veinte años después, anoto un comentario en el blog de su nieto... no hay duda, el mundo es muy pequeño y Costa Rica un lote.

Quimera dijo...

Imperdonablemente había dejado de contestar a su preguntas Isabel. Sencillamente se me escapó. Lo de los tres mitos está en una carta que tengo en mi poder. Gracias por sus comentarios.

Linda Berrón dijo...

Las fotografías que aparecen en su blog son realmente extraordinarias. La de Yolanda es de una cercanía estremecedora. La del grupo de amigos de don Joaquín, donde aparece un jovencísimo Carlos Duverrán también me impresionó mucho. Gracias por su blog.
Linda Berrón

Quimera dijo...

Que bueno que le gustan Linda. Ese es el propósito, así que estoy contento. Y muchas gracias por su visita.

bestof2worlds dijo...

"Medios que Ud. sugiere al Colegio para librar a la mujer costarricense de la frivolidad ambiente", San José, agosto 31 de 1938. Publicada en la sección: Qué hora es...? del Repertorio Americano, dirigido por Joaquín García Monge. Yolanda Oreamuno lo escribió mientras fue estudiante del Colegio Superior de Señoritas para un concurso interno. De un total de siete trabajos, este ensayo, sin embargo, no alcanzó el primer lugar; se propuso que ocupara el segundo, pero la mayoría del jurado prefirió asignarle el cuarto lugar con una Mención Honorífica en 1933. Por descuido frecuentemente se piensa que el nombre de este ensayo es Qué hora es...?, cuando -como se anotó- la situación fue otra... Wikipedia

Leonardo Navarro Navarro dijo...

una gran escritora, el libro la ruta de su evasión es magistral. Una mujer de gran belleza física, su vida fue corta pero muy intensa.

Tengo una gran admiración hacia ella.