8.6.11
16.8.10
El Turrujal
Como si de un sueño se tratara, esta foto difuminada por el tiempo, nos muestra a don Joaquín joven en su finquita del Turrujal... pala en mano, brazo nervudo, graciosos botines enlodados, espeso bigote, y abrazado a doña Celia Carrillo, mi abuela. El año es incierto, pero es muy probable que sea entre 1909 y 1912, es decir, entre el año de su matrimonio y el del nacimiento de mi padre. Un visitante no identificado,pero elegantemente vestido, aparece a la izquierda.
La imagen es sumamente rara y su autor desconocido. No recuerdo otra de don Joaquín en esa finca ni tan cercano a las labores de la tierra, actividad que sin embargo le gustaba mucho, al punto que cuando estuvo estudiando en Chile entre 1901 y 1903 “le sobraron ratos para ilustrarse en ingeniería agrícola” (1)
Esta es una fotografía que me conmueve. Y no solo es por la imagen idílica pero real de un pasado irrecuperable, es también porque la foto en sí está muriendo. Lo que ven es solo la foto de la foto, que me he encargado de restaurar lo que he podido y de "embalsamar" digitalmente, pero el original se irá borrando muy lentamente, haciéndose más y más transparente, hasta que un día solo quedará un papel en blanco, un recuerdo desvanecido muy parecido al triunfo rotundo e inapelable de las parcas, quienes pacientemente comienzan a preparar nuestra mortaja desde que nacemos y jamás abandonan ese trabajo hasta cortar el hilo final.
Siempre se dice que una imagen vale más que mil palabras, pero al parecer las palabras perduran y las imágenes nos dejan después de haber dicho mucho. Por ello, si algunas frases han de quedar sobre este don Joaquín campesino, espero que sean las del ensayista Mario Sancho, quien escribió (2):
“Pero como me gusta más rememorar su figura llana y bondadosa, es teniendo por marco aquella su finca del Turrujal a donde íbamos a verlo sus amigos los domingos, a hablar de escritores y de poetas y a tomar un té excelente preparado y servido por las gentiles manos de Celia. … ¡El Turrujal! ¡Ah que lindo refugio era ese para soñar, para leer, para meditar serenamente en las grandes empresas de la inteligencia y del corazón!...
Le encantaba ponerse facha campesina obedeciendo quizás al instinto agrario de sus abuelos, y vivir en grato contacto con la naturaleza próvida y maternal…”

2-Citado por mi padre en una nota dejada en sus papeles junto a la foto presentada, pero sin otras referencias. Asumo que leyó ese texto en algún lado y lo trascribió. Quizás fue en las “Memorias” de Mario Sancho, pero a pesar de que revisé rápidamente el libro para ver si daba con el pasaje, no fue así. Buscaré más detenidamente y si lo encuentro lo reportaré aquí.
5.8.10
Yehudi Menuhin... moto perpetuo
Y para terminar este entremés de 1943, año de la foto dedicada (¡y doblado!... para seguir con el castellano):
2.8.10
Latigazos
La revista “El Látigo”, cuyo atrevido y hermoso diseño de portada presentamos aquí arriba (en parte restaurado), probablemente fue la segunda (1) publicación que dio cuenta de la aparición de El Moto y lo hizo en la edición del 10 de marzo de 1900. El texto completo figura a continuación y basta hacer click en la imagen para agrandarla y así poder leerlo.

Como se habrá notado no aparece la firma del autor, por lo que suponemos que se trata de un texto de corte editorial escrito por Antonio Font, quien figura como administrador y propietario de la publicación “El Látigo”. Además, es claro que el autor no pretende hacer crítica especializada, sino sencillamente aplaudir una pieza literaria que viene a romper con cierto orden de cosas con el cual él está en desacuerdo. Nótese que la tipografía utilizada para escribir el nombre de la revista presenta cierta similitud con aquella que sirvió para la segunda edición de El Moto (tal como se puede ver aquí).

Este dibujo de Henry Harmony (director artístico de la publicación y también autor del dibujo de la portada), aparece al dorso de la plana que contiene el texto. Dicho dibujo está inspirado de una fotografía de don Joaquín (según una pequeña nota que dejó mi padre pegada al ejemplar original de “El Látigo”). Lamentablemente no conservamos esa fotografía que habría servido de modelo. Por otra parte, al lado del dibujo aparece un texto corto de Leonidas Briceño titulado “Instantánea”.

No es muy claro si este texto está impreso o si fue escrito posteriormente con pluma. Por la forma en que está dispuesto es probable que haya sido más bien lo segundo. Como se podrá notar, alguien tuvo la mala idea de trazar con bolígrafo unas líneas que encuadran el dibujo. Posiblemente ello fue hecho con el propósito de reproducirlo en otra publicación (2), pero de ese modo se dañó en cierta medida el documento original, lo cual es una lástima.
-------
1-Si damos fe a lo que dice don Fernando Herrera en su libro “García Monge, plenitud del escritor”, la primera reacción pública habría sido la de Carlos Gagini en un artículo publicado el 27 de febrero de 1900 en el diario “La Prensa Libre”, texto que habría servido luego como prólogo a la segunda edición de El Moto. Este tema ya lo abordamos en la entrada citada.
2-Es casi seguro que la publicación que lo reprodujo por primera vez fuera “El hombre del Repertorio Americano” (libro escrito por mi padre y publicado en 1981). En el libro de don Fernando Herrera “Intruso en Casa Propia” también se reproduce el dibujo, pero ese libro es del 2007.
29.6.10
Y la historia sigue
Temas Carmen Lyra, Noticias, Rodrigo Soto, Teatro
26.6.10
Imágenes de una exposición
La señora Bachelet mirando la fotografía de la Orden al Mérito en grado de comendador, foto de estudio que fue tomada por nosotros.
Aquí la señora Bachelet mira una fotografía que ha aparecido en algunos libros pero que nosotros restauramos y que aún no hemos subido de ese modo a este blog. En ella se observa una reunión en la casa de Fausto Coto Montero a la que asistieron en particular Gabriela Mistral, Max Jiménez, Salomón de la Selva, además de don Joaquín por supuesto.
Aquí frente al retrato de don Joaquín por Trigueros de León, que desde un inicio incluimos en este blog y nos acompaña siempre en la primera página.
23.6.10
Magón comenta "El Moto"
Una de las piezas más entrañables de lo que se podría llamar el "archivo García Monge", es la carta que le envió Magón el primero de marzo de 1900 dándole su opinión sobre la novela “El Moto”, que don Joaquín acababa de publicar.
La clara y elegante caligrafía de Magón hace muy fácil su lectura, así que no transcribiremos el texto. Basta hacer click sobre la imagen correspondiente para abrirla en mayor tamaño y poderla leer.



Como habrán notado, Magón aprovecha la misiva para reafirmar su título de “iniciador y descubridor” del género costumbrista en Costa Rica (1), lo que según él lo legitima a opinar (y por supuesto que nadie podría, bajo ninguna circunstancia, rebatirle ese derecho). Sin embargo, al hacerlo quizás abona la confusión entre novela costumbrista y realista cuando insiste en calificar al Moto como una “novela de costumbres costarricenses”. Magón también utiliza prácticamente una de las tres páginas que componen la misiva, para dirigir un ácido ataque a los escritores “cosmopolitas”, encabezados por Ricardo Fernández Guardia, en la famosa polémica que desde 1894 lo opuso a Carlos Gagini, defensor del estilo o género “nacionalista”. Con la publicación de El Moto, esa polémica se reavivó por aquellos años.
Escribiendo la entrada sobre las dos ediciones de El Moto, nos preguntábamos sobre la fecha de publicación, o por lo menos sobre el mes en que apareció por primera vez y decíamos que era probable que fuera en marzo, sin embargo, la fecha de esta carta de Magón, que habíamos completa e imperdonablemente pasado por alto, viene a apoyar la tesis expuesta por don Fernando Herrera según la cuál la novela se publicó en febrero.
-------
1) Una formulación semejante ya se encontraba en la carta que presentamos en la segunda entrada de este blog, donde comenta la aparición de los Cuentos de mi Tía Panchita de Carmen Lyra.
2.6.10
El Moto ilustrado (segunda parte)
Y ahora continúo con el resto de los dibujos que componen la serie con que Juan Manuel Sanchez ilustró el Moto en las ediciones de 1959. La primera parte de la serie se puede consultar aquí.
Por lo demás conservo el principio de presentar el dibujo y al pie el texto que, a mi juicio, probablemente lo inspiró:








15-“Y la campana con su toques parecía responder al último adiós del Moto, el cual, claudicando de la pierna derecha partió al acaso, sin rumbo, sin volver la cabeza: iba abrigado en las sombras de la noche, por entre la red de veredas, al través de potreros y cercados”.
1.5.10
El Moto ilustrado (primera parte)
Las ilustraciones son en total quince. Para empezar subiré las primeras siete y en la próxima entrada el resto. Las presento en el orden en que aparecen insertadas en la novela y me tomo la libertad de asociar a ellas la frase o párrafo que probablemente las inspiró:
1-Don Joaquín (aparece aún antes de iniciar la novela en el dorso de la contraportada y como presentando a su autor).

2-"Los ganados se criaban retozones en los potreros."


4-“Dios lo lleve con bien –Añadió Cundila, clavando unas miradas de las que ella tenía, al mancebo simpaticón, el cual repuso a su turno: Amén.”


Vivía sola, entregada a sus oraciones, al cuidado de sus gallinas y demás quehaceres. Gran admiradora de los curas, manifestaba harto celo por todo lo que fuese solemnidades religiosas y según hablillas del vulgo, muy delicada para eso de velas, rosarios y otras alegrías populares. Iba únicamente a la ermita gastándose un airecito refunfuñón, sin detenerse a chismear con los vecinos ni cruzarse más que los “buenos días le dé Dios” y estos, muy secos e indiferentes”.
7-"Los músicos, a cual más parrandero, en su asiento de guayabo, arrancaban chillidos a la vihuela y al violín acompañados. De la masa compacta de hombres desprendiose uno y sacó sin cumplimientos a la que fue de su agrado; corrieron luego otros y tirando de las jóvenes se preparaban a bailar. Ponían unos la diestra en la espalda y otros en los cuadriles de la pareja, levantaban por extremo el brazo izquierdo y harto separados, cogían una de dengues y meneos ridículos”.-------
*Decíamos anteriormente que hubo dos ediciones simultáneas dirigidas por Luis Ferrero: La del Ministerio de Educación Pública y la de la Editorial Don Quijote. Por tener exactamente igual contenido y fecha de impresión, se puede considerar a ambas como la tercera edición.
**En la presentación a la tercera edición
19.4.10
Dos ediciones de "El Moto"
el género realista costarricense.
Alfonso Reyes (1)
Un relato de las circunstancias que rodearon su primera edición se lo debemos a Francisco María Núñez, quien lo publicó en las páginas del Diario de Costa Rica el 26 de octubre de 1952 (3). Como esos párrafos tienen mucho que ver con el tema de esta entrada, nos parece oportuno transcribirlos a partir de la cita que de ellos hace mi padre, el Dr. Eugenio García Carrillo, en su libro “El hombre del Repertorio Americano” (pág.31):
“A fines del siglo pasado, cuando don Joaquín García Monge apenas alcanzaba los diecinueve años y terminaba sus estudios en el Liceo de Costa Rica, escribió su primera novela, El Moto.
Vino un día de Desamparados, con su manuscrito bajo el brazo, y lo puso en manos de su ex-profesor don Carlos Gagini. Este lo leyó y le dio su opinión favorable.
-Comienza bien, hay que publicarla
Muy ufano se fue García Monge en busca de doña María v. de Lines, propietaria de la Librería Española, entonces, y también de una empresa tipográfica. Le habló de su novela y ella, que ya sabía de la tragedia del libro nacional, le pidió tres días para examinar el manuscrito.
Doña María tenía sus asesores: Soto Hall entre otros. La respuesta fue: -Vea, joven, en el estante vecino está amontonada la novela Chamarasca de Gagini. Si no se vende el libro del maestro, ¿Cómo podremos vender el del discípulo? Amoscado salió el novel publicista y recordó que su amigo Billo Zeledón trabajaba como secretario de la Imprenta a Vapor de Greñas. Allá se dirigió a contarle su pena. Billo siempre fue amigo de dar la mano.
-No se desespere. Ya veremos que dice Greñas- fue su respuesta.
Por ciento veinte y cinco pesos de entonces, se cerró el trato. Prontito estaban a la venta en las librerías de Canalías, de Pujol y Montero los tomitos. Y se agotó la edición.
García Monge pagó el valor total y le quedó un saldito para comprarse un vestido donde Robert”.
En otro libro, esta vez de don Fernando Herrera: “García Monge, plenitud del escritor” se habla de otras dos versiones de lo acontecido, pero la versión que resulta más convincente a los ojos de don Fernando es la que hemos transcrito de Núñez, esto en virtud de que el mismo don Joaquín, en una carta que le dirige a Billo Zeledón en 1944, acota lo siguiente: “He recordado en estos días la primera edición del Moto y el pagaré que juntos firmamos” (García Monge, Plenitud del escritor, pág.30).

Las imágenes que he incluido en esta entrada corresponden a los ejemplares que guardó don Joaquín de las primeras dos ediciones (la de 1900 y la de 1901). Como se puede apreciar en la cubierta de la primera, ésta incluye entre paréntesis el seudónimo que don Joaquín había utilizado entre los años 1898 y 1899 para firmar varios escritos aparecidos en la prensa nacional: “El lugareño”. Sin embargo, a partir de la segunda edición se elimina esa mención, que según don Fernando tuvo un propósito comercial, ya que los posibles compradores de la obra podrían identificar más fácilmente a su autor con aquel que ya se había dado a conocer gracias a sus textos en la prensa (esto no lo dice exactamente así, pero a mi modo de ver se colige bastante claramente de sus palabras… espero no hacer una interpretación demasiado extensiva de ellas).
Otro aspecto que señala don Fernando, es la inclusión de la frase “Costumbres costarricenses” (también con un propósito comercial) y que en su opinión contribuyó a forjar un persistente malentendido con respecto a la obra al otorgarle una filiación costumbrista, cuando más bien se trataba de una novela de carácter realista, con acentos críticos mucho más profundos que el simple costumbrismo folclorista que tantas veces se le ha endilgado. Su carácter realista la convirtió propiamente en una obra fundadora, que anunció el rumbo que tomaría, en el trascurso del siglo XX, el grueso de la mejor literatura nacional.

También llama la atención que don Joaquín haya escrito en la anteportada de la primera edición (por debajo de su rúbrica) una indicación temporal bastante precisa: "marzo de 1900". Como en el texto impreso no se especifica la fecha exacta del tiraje (ni tampoco el número de ejemplares, ni sello editorial alguno), podríamos asumir que se realizó ese mes. Esto a pesar de que el prólogo de la edición de 1901, escrito por Carlos Gagini y firmado en “Guadalupe, el 27 de febrero de 1900”, sugeriría más bien que la publicación es del segundo mes. Una nota entre paréntesis aclara que se trató de un artículo aparecido en la Prensa Libre. Lo que no se dice es cuándo, por lo que no se puede concluir, con base en ese único dato, que la fecha en que fue rubricado sea la misma en que fue publicado. Además, si damos crédito al relato de Núñez, hay que tener presente que Gagini leyó el manuscrito antes de ser pasado a la imprenta inicialmente y eso explicaría que haya podido escribir un artículo crítico antes de su publicación.
A pesar de todo, don Fernando Herrera, teniendo en cuenta la fecha de dicho artículo, ubica a febrero como mes probable de publicación. Tal vez esté en lo cierto, pero nosotros, al no tener a mano la fuente periodística (es decir, el ejemplar de la Prensa Libre de aquel 27 de febrero), no hemos podido confirmar que ese día apareciera, efectivamente, el escrito de Gagini. De lo que sí hay certeza es del lugar y mes de conclusión de la obra, porque figura en el propio texto a modo de cierre: “Desamparados, enero de 1900”. Y aquí nos llama la atención el poquísimo tiempo transcurrido entre la escritura y su publicación. Y lo mismo podríamos decir del breve lapso entre la primera y segunda edición: apenas un año. Como que las cosas eran muy ágiles en aquellos días o bien que don Joaquín demostraba un carácter muy inquieto.
No fue sino hasta 1959, cuando apareció la tercera edición dirigida por don Luis Ferrero y con presentación de Alfonso Reyes(4), que la novela cristalizó en una versión definitiva. Lamentablemente, don Joaquín jamás llegó a verla publicada de ese modo, puesto que murió en 1958, aunque todo indica que la había dejado aprobada con bastante anterioridad… Al menos así se puede interpretar de una carta que él le dirige a Ferrero en 1953 y que se cita en el libro de Herrera (pág. 33): “No eche en olvido las correcciones de mi Moto. Usted interpreta mis deseos. Haga la edición como le dije, etc.”. En la última versión, las modificaciones del párrafo final quedaron así: “Y las campanas con sus toques parecían responder al último ¡adiós! del Moto…”. Por el resto, don Joaquín cambió simplemente una serie de términos de influencia perediana por sus correspondientes costarriqueñismos. El propio Ferrero escribe en la nota preliminar a la tercera edición: “En general, modificó lo indispensable, pues él jamás puso mucho empeño en pulir y repulir y porque dispuso que esas pocas correcciones no llegaran a desvirtuar su obra de adolescente”.
No quisiéramos cerrar esta entrada sin alabar la hermosa tipografía modernista que fue utilizada en el título del segundo tiraje. Esta edición, hecha por la imprenta de Padrón y Pujol, era muy del agrado de don Joaquín (al menos desde un punto de vista formal) porque sobre ella le escribió a Francisco María Núñez lo siguiente: “la presentación muy bien, pero como no podía corregirla a la distancia los costarriqueñismos aparecieron desfigurados”. Según don Fernando Herrera la publicación vio la luz cuando don Joaquín estudiaba en Santiago de Chile (de ahí que hable de “la distancia” supongo yo). Por otra parte, según mi padre, la publicación fue hecha en Barcelona. Esto me llama la atención y me deja con la duda, porque la portada de esa segunda edición claramente indica “San José”. Pero aún si fuera tal como él dice, entonces quizás la distancia a la que se refiere don Joaquín es la que hay entre San José y Barcelona, aunque bien pudiera ser también la que hay entre ésta última ciudad y Santiago. En definitiva, no he encontrado aún la fuente de tales certezas referidas al lugar y fecha de publicación de la segunda edición.
Como se ve, la frase "Costumbres costarricenses" fue suplantada por: "Novela costarricense". Sin embargo, en una edición de 1969 que conservamos y que fue dirigida por mi padre, la frase "Costumbres costarricenses" vuelve a figurar, pero no en la cubierta o la portada, sino en la primera página, después del título.
Otro aspecto sobre el que me queda duda es que el señor Herrera diga en su libro (pág. 51) que en la anteportada de la primera edición aparece claramente la dirección de la imprenta de Greñas (“150 varas al Norte del Telégrafo”). Y es que en el ejemplar que fue de don Joaquín no aparece tal mención. ¿Será que le faltan páginas? Es posible, porque el tomito no está en muy buen estado y aparece descocido, aunque en apariencia esté completo.
Una pregunta que podría surgir en la cabeza del lector es la de si existe algún manuscrito de El Moto. Sería interesante, pero la respuesta que podemos dar, por el momento, es desgraciadamente negativa. Las únicas partes manuscritas que subsisten y de las que tenemos conocimiento, son las cortas anotaciones a las que nos hemos referido y otras aún menores dispersas en otras páginas.
2-Referido al novelista español José María de Pereda, a quien don Joaquín admiró.
3-Núñez fue también quien realizó la última entrevista a don Joaquín, apenas cinco días antes de su muerte. La misma fue publicada en el Diario de Costa Rica y luego recogida en su libro “Desamparados. Tierra nutricia”.
4-En realidad se trata de una situación inaudita porque hay dos ediciones de igual fecha y contenido, hechas por la misma imprenta, pero realizadas bajo diferente sello editorial: Una es del Ministerio de Educación Pública y otra de la Editorial Don Quijote (proyecto editorial de Ferrero fomentado por don Joaquín). Ambas incluyen una nota del editor, la presentación de Reyes, un texto de Abelardo Bonilla sobre don Joaquín y están bellamente ilustradas por Juan Manuel Sánchez. Esta extraña duplicidad podría obedecer a un cálculo de Ferrero, porque según explicó mi padre a Herrera (quien le hizo la consulta) “Ferrero trabajaba en el Ministerio de Educación y como sabía de la edición Salvadoreña manejada por Trigueros de León, quiso adelantarse con su propia edición pensando en continuar con otras obras de García Monge”. Ciertamente Ferrero tenía en mente un vasto proyecto editorial que lamentablemente quedó trunco hasta ahora, porque en la anteportada se incluye la siguiente mención: “Obras Completas de Joaquín García Monge”. Pero la idea iba incluso un poco más allá: A la reedición de El Moto debía seguir la edición de un libro que recogería una serie de escritos en torno a esa novela, tomo para el cual Ferrero ya hasta había pensado en un nombre: “Suplementos a las Obras Completas de Joaquín García Monge. Documentos de Trabajo Nº1”.
La edición salvadoreña a la que alude mi padre salió también en 1959, pero bajo el título “Tres Novelas” e incluye, además de El Moto, otras dos obras de don Joaquín: “Hijas del Campo” y “Abnegación”.
9.4.10
Una placa para Yolanda Oreamuno
Por lo demás, las dos imágenes que presento aquí no sé si sean muy conocidas. Tengo la impresión de que no, pero no podría asegurarlo. El retrato que encabeza esta entrada es la digitalización de una foto original de una pintura de Gonzalo Morales, foto que conservaba mi padre entre sus papeles junto con otros documentos referidos a Yolanda y que podría datar de los años 70. De acuerdo a un pequeño texto adjunto a la fotografía, éste óleo pertenece a la colección particular de Iris Echevarría, pero eso era en aquella época y no sé si esa sigue siendo la situación de la obra actualmente.
Por otra parte, la siguiente imagen es la reproducción de un desnudo de Yolanda ejecutado por la acuarelista Margarita Bertheau (igualmente presente entre los papeles de mi padre, pero no como fotografía original, sino como simple recorte de alguna revista). Ignoro en qué manos se encuentra ahora esa obra. Hay que destacar que tanto Morales como Bertheau retrataron en varias ocasiones a la escritora y en mi opinión lo hicieron con maestría.

14.12.09
Por fin
El 8 de diciembre pasado fue entregado, en el Instituto de México, el libro con la obra inédita de Carmen Lyra que mencionamos la última vez.La presentación fue acompañada con una lectura dramatizada de una escena de esa obra por parte de las excelentes actrices Moy Arburola y María Bonilla. La foto que acompaña esta entrada la tomé con mi celular. Lástima que no tuviera una cámara más eficaz a mano, pero aún así esta foto tiene cierto carácter histórico, por ser la primera vez que se presenta al público un extracto de esa obra. Tuvieron que pasar prácticamente noventa años para que eso fuera posible.
11.10.09
Había un vez... un inédito que ya no lo es
El hecho fue reportado esta mañana por el suplemento Áncora, el cual además nos cedió un breve pero aún así generoso espacio que aprovechamos para dar a conocer más éste sitio. No voy a extenderme mucho con respecto a esta buena noticia porque el artículo enlazado, escrito por Rodrigo Soto, es bastante esclarecedor. Baste decir que a nosotros nos correspondió también el honor de prologar esta primera edición de Había un Vez..., que sale a la luz casi noventa años después de que fue escrita. El texto completo de ese prólogo lo he subido a Derrames de Tinta, que como tal vez algunos sabrán, es mi sitio de textos largos.
La presentación del libro "Había una vez..." tendrá lugar el 8 de diciembre.
17.9.09
Frente a la persistencia del pesimismo
Como su temática es de indiscutible actualidad y porque no recuerdo haberlo visto en ninguna recopilación o antología, transcribiré acá ese parrafito:
¡Mala Seña!
Por todos lados se siente el pesimismo de los ciudadanos. ¡Mala seña! Pesimismo, en el fondo, es ineptitud. Se duelen y desconfían de sí los que no pueden. Cuando hay capacidades y competencia, hay fe y optimismo. Por eso alarma ver que el pesimismo se está comiendo el país. Y hay que sacárselo como parásito nocivo y ponerse en cura. Hay que sumar agencias e instituciones que formen ciudadanos hábiles y capaces, hay que fomentar los deportes. Y entonces florecerá el entusiasmo y la confianza del país en sus fuerzas y recursos, en sus hombres y capacidades. Padecemos de crisis de hombres hábiles en las diversas disciplinas y actividades de la República. En donde los hay, existen la confianza y la fe y la alegría. Y sentido del tiempo, con el que se cuenta para realizar grandes cosas. Porque nuestras premuras e irritabilidadades son inhabilidad también, impaciencia, el hacer las cosas de cualquier modo.
6.7.09
Un presente hondureño

Esta fotografía de una pintura de Francisco Morazán fue tomada hace unos 120 años (alrededor de 1890) por quien creemos fue un fotógrafo hondureño de apellido Aguirre. En la época el procedimiento en boga era el de gelatino-bromuro sobre placas de vidrio y suponemos que de una placa semejante proviene esta copia. Lo que no sabemos con certeza es en qué momento se tiró la misma. Bien puede tratarse de una copia muy antigua o bien de una más reciente, pero en ningún caso posterior a 1941.
Estos datos los conocemos porque al dorso de la foto aparece el siguiente texto: “Copia tomada por el fotógrafo hace más de 50 años. Presentada al benemérito J.G. Monge por el suscrito. San José, enero 30, 1941. Héctor Medina Planas”. También aparece el sello “Aguirre”… Con toda seguridad el sello del fotógrafo o de su estudio fotográfico, ubicado en "Tegucigalpa, Honduras". El texto que dice “Morazán” en el lado frontal de la foto no es parte de la misma, sino un añadido hecho a mano, quizás por el propio Medina Planas. Tanto en este texto como en el que se encuentra al reverso, se nota mucha meticulosidad en la ejecución, incluso es visible el trazado de unas guías que sirvieron para mantener la escritura bien alineada.

Revisando en internet imágenes de Morazán, hemos constatado que la efigie que presentamos se repite algunas veces, pero no en foto como aquí, sino en lo que parece ser cierto tipo de grabado. A pesar de ello no sabemos quién es el autor original ni dónde se encuentra su obra. Si alguien tiene alguna idea, pues bienvenida será la información.
De don Héctor Medina Planas tampoco sabemos mucho. En el Repertorio Americano hay algunos artículos suyos y en vista de las temáticas -y de la naturaleza misma de su regalo a don Joaquín- suponemos que se trata de un ciudadano hondureño. También encontramos en internet la "entrevista" que una estudiante universitaria, Natalia Villalobos, le realizó a Ricardo Mejía, un anciano zapatero catracho (de unos 90 años) quien cuenta que el señor Héctor Medina Planas lo ayudó a instalarse en Costa Rica allá por los años 40, es decir en fecha relativamente cercana a la de su presente a don Joaquín. Igualmente encontramos en la red una cita que se le hace en un libro llamado: “Los Deliberantes. El poder militar en Honduras”, escrito por Matías Funes V. Si creemos lo que ahí se dice entonces don Héctor Medina fue ingeniero militar: “Un mayor de ingenieros, más agresivo aún, exigía que los hondureños viviéramos bajo el amparo de la ‘sociedad militar’. En su perspectiva, el régimen militar debía imperar en las escuelas públicas y privadas y las masas debían educarse en el espíritu castrense como única forma de llegar a la ‘verdadera redención’ (…) (Discurso pronunciado por el Mayor de Ingenieros don Héctor Medina Planas, en la fiesta que tuvo verificativo en la Academia Militar, el 20 de mayo del corriente año. Boletín del Ejército, Año V, mayo y junio de 1917, Nos. 39-40, pp. 1151-1152)”.
Claro, también podría tratarse de un homónimo, así que no podemos asegurar que quien habló de forma tan excesiva fuera la misma persona que tuvo relación con el pacífico don Joaquín, aunque hay muy buenas posibilidades de que así fuera, máxime si se tiene en cuenta que otro artículo encontrado en la red menciona el nombre del Ingeniero Héctor Medina Planas como “representante”, en 1948, de José Ángel Zúñiga Huete. Este último personaje, conocido como “El León del liberalismo”, se considera en Honduras uno de los grandes nombres de esa tendencia política y fue un firme opositor a la dictadura de Tiburcio Carías entre 1932 y 1948 (el período de gobierno más largo en la historia de ese país, también llamado “El cariato”). Es interesante tener en cuenta que si bien Carías había llegado al poder democráticamente como candidato electo por el Partido Nacional, mantuvo sus riendas por largos años gracias a una reforma de las normas constitucionales que impedían la reelección y ejerciendo también una creciente represión en contra de los opositores liberales. Tal vez ese mal recuerdo ha estado presente de algún modo en el espíritu de los hondureños en el caso de la destitución de Zelaya estos días (lo cual por supuesto no justifica que se le dé un golpe de estado preventivo). Pero para volver a Héctor Medina Planas, suponemos entonces que si llegó a Costa Rica, fue en calidad de exiliado político por ser de filiación liberal.
Algunos de los títulos de los artículos de Héctor Medina Planas publicados en el Repertorio reflejan esa situación y curiosamente podrían ser aplicados en cierta medida a la actualidad hondureña: “Desastre administrativo del gobierno de Honduras”; “Criollismo versus democracia”, o aún: “El ministro consuetudinario Lic. Gálvez, abogado de la Bananera y actual candidato oficial no puede ser presidente de Honduras”. Estos títulos también reflejan el pensamiento de un hombre maduro preocupado por la alternabilidad democrática (lo que se confirma plenamente a la lectura del segundo artículo), eventualmente ya muy distante de la doctrina militarista que defendía 25 años atrás (aunque en estricta lógica ambos discursos no son necesariamente incompatibles) y quizás también el pensamiendo de un hombre de izquierda, sobre todo si se tiene en cuenta lo que incidentalmente se dice de él en el trabajo de la estudiante universitaria mencionada dos párrafos atrás.
De los diferentes artículos de Medina Planas publicados en el Repertorio nos interesó en particular una entrevista que le realiza a don Ricardo Jiménez en el año 1942 (año del centenario de la muerte de Morazán). En aquel momento don Ricardo tenía 83 años, edad con la que se le declaró Benemérito de la Patria (ese fue un título que don Joaquín también recibió como muchos sabrán). Y decimos que nos interesó la entrevista porque precisamente gira en torno a Morazán y por ello también guarda relación con la foto que le regaló don Héctor a don Joaquín poco más de un año antes. Como se trata de una entrevista bastante corta la transcribimos íntegramente:
Entrevista con el ex-presidente don Ricardo Jiménez
“Con una tarjeta especial de Don Joaquín García Monge. Director de Repertorio Americano, tuvimos la oportunidad de visitar al esclarecido ciudadano Don Ricardo Jiménez. Nos recibió con la afabilidad y cultura que le son características; y después de las obligadas frases de cumplimiento y rúbrica, abordamos el tema de nuestra entrevista.
-(HMP) (1) Señor: Hemos tenido la ocasión de conversar con un distinguido elemento social costarricense (2), sobre la personalidad histórica del General Morazán; y la síntesis de las opiniones recibidas podemos expresarla así:
1- Morazán fue un déspota,
2- Fue un mediocre,
3- Fue un intruso en Costa Rica, y
4- En relación con su fusilamiento, no podemos desaprobar lo que hicieron nuestros abuelos.
Hechas a Ud. Las mismas preguntas a que corresponden estas respuestas, ¿cuáles serían las contestaciones?
- (RJO) Pues claro está: Que Morazán no fue un déspota, ya que más bien vino a darnos libertad. Era la personalidad más distinguida de Centro América; y no podía ser un intruso, porque a más de haber sido Presidente de la República, por dos veces, fue llamado para derrocar a Carrillo.
En lo de que no podemos desaprobar lo que hicieron nuestros abuelos, si aceptáramos esa tesis como buena, deberíamos andar hoy con taparrabo (3)
- (HMP) Don Ricardo: ¿No sería posible que Ud. escribiera sobre los puntos de nuestra entrevista: algo en particular me ha dicho Don Joaquín, de un ofrecimiento.
- (RJO) Con Mucho gusto lo haré; pero me dejarán Uds. el tiempo suficiente, porque actualmente estoy muy ocupado; tengo que ordenar muchas cosas; además, Uds. saben cómo me atacan, y cuando vean que escribo sobre Morazán, no van a decir que lo hago por simpatías a él, sino por odio a Carrillo.
Hasta aquí nuestra visita; y nos despedimos, altamente complacidos de la recepción que nos hiciera patricio tan meritorio” (Repertorio Americano, Tomo XXXIX, Nº 8, 25 de abril de 1942).
Nunca apareció en el Repertorio lo que el patricio prometió sobre Morazán como tal, pero era de esperárselo, ya que desde la respuesta misma deja entrever su temor a que luego se le ataque. Sin embargo, ello no quiere decir que don Ricardo estuviera faltando a su palabra, porque unos meses más tarde sí publicó algo sobre Carrillo, tal como ya lo había hecho en 1939 cuando dio a conocer tres epístolas bajo un título elocuente: “Alabar a Carrillo es extraviar a los jóvenes y hacer escuela de tiranía, por más vueltas que se le dé a la cosa”. ¿Sobre Carrillo dije?... Pero si Carrillo no es Morazán. Pues sí, pero hablar de uno siempre conduce a hablar del otro, así que don Ricardo, al escribir sobre Carrillo, también terminó evocando a Morazán. Aunque optó, seguramente en razón de lo que había anunciado, por decir poco y no del modo que esperaba su interlocutor.
Nótese que don Héctor Medina Planas refiere que una tarjeta de don Joaquín le sirvió para presentarse a don Ricardo Jiménez. Eso se explica en la medida en que ambos beneméritos fueron muy amigos. En nuestros archivos tenemos varias y extensas cartas que don Ricardo le dirigió a don Joaquín. Esperamos poder darlas a conocer más adelante aquí mismo.
Como dijimos en la entrada anterior, Morazán está en el último puesto de los 100 latinoamericanos más influyentes de la historia, según una clasificación que se hizo hace algún tiempo. El asunto puede parecer anecdótico o complaciente con la moda de los “Top Number”, pero tiene su importancia en la medida en que señala el impacto de ciertos personajes, aunque posiblemente muchos hayan quedado afuera y otros estén ahí injustificadamente.
Para finalizar, nada más queremos rememorar lo que Morazán escribió en su testamento antes de ser pasado por las armas: “Declaro que todos los intereses que poseía, míos y de mi esposa, los he gastado en dar un Gobierno de Leyes a Costa Rica”. (Citado por Arturo Mejía Nieto, en “Morazán”, Repertorio Americano, Tomo XXXIX, Nº 19, 26 de setiembre de 1942).
Notas:
1-.Las iniciales de Héctor Medina Planas (HMP) y Ricardo Jiménez Oreamuno (RJO) no figuran en la entrevista original. Las incluimos nosotros como un medio para identificarlos mejor en la secuencia del texto.
2-.Lástima que el nombre de esa persona haya quedado en el misterio. Pero tampoco era necesario particularizarlo ya que de todos modos refleja o reflejó un sentir más general.
3-.Este tipo de frases actualmente son mal vistas porque lanzan descrédito sobre nuestros antepasados indígenas y tienen un tinte racista, pero eran muy corrientes en aquella época y desgraciadamente aún son escuchadas en ciertos estratos de la población caracterizados por su poca educación (independientemente de su posición social). Actualmente se diría que son “políticamente incorrectas”. En todo caso se puede rescatar de ahí que don Ricardo no justifica el fusilamiento de Morazán por considerarlo un acto de barbarie, al menos eso es lo que interpretamos de su frase.






