Dos ediciones de "El Moto"
el género realista costarricense.
Alfonso Reyes (1)
Un relato de las circunstancias que rodearon su primera edición se lo debemos a Francisco María Núñez, quien lo publicó en las páginas del Diario de Costa Rica el 26 de octubre de 1952 (3). Como esos párrafos tienen mucho que ver con el tema de esta entrada, nos parece oportuno transcribirlos a partir de la cita que de ellos hace mi padre, el Dr. Eugenio García Carrillo, en su libro “El hombre del Repertorio Americano” (pág.31):
“A fines del siglo pasado, cuando don Joaquín García Monge apenas alcanzaba los diecinueve años y terminaba sus estudios en el Liceo de Costa Rica, escribió su primera novela, El Moto.
Vino un día de Desamparados, con su manuscrito bajo el brazo, y lo puso en manos de su ex-profesor don Carlos Gagini. Este lo leyó y le dio su opinión favorable.
-Comienza bien, hay que publicarla
Muy ufano se fue García Monge en busca de doña María v. de Lines, propietaria de la Librería Española, entonces, y también de una empresa tipográfica. Le habló de su novela y ella, que ya sabía de la tragedia del libro nacional, le pidió tres días para examinar el manuscrito.
Doña María tenía sus asesores: Soto Hall entre otros. La respuesta fue: -Vea, joven, en el estante vecino está amontonada la novela Chamarasca de Gagini. Si no se vende el libro del maestro, ¿Cómo podremos vender el del discípulo? Amoscado salió el novel publicista y recordó que su amigo Billo Zeledón trabajaba como secretario de la Imprenta a Vapor de Greñas. Allá se dirigió a contarle su pena. Billo siempre fue amigo de dar la mano.
-No se desespere. Ya veremos que dice Greñas- fue su respuesta.
Por ciento veinte y cinco pesos de entonces, se cerró el trato. Prontito estaban a la venta en las librerías de Canalías, de Pujol y Montero los tomitos. Y se agotó la edición.
García Monge pagó el valor total y le quedó un saldito para comprarse un vestido donde Robert”.
En otro libro, esta vez de don Fernando Herrera: “García Monge, plenitud del escritor” se habla de otras dos versiones de lo acontecido, pero la versión que resulta más convincente a los ojos de don Fernando es la que hemos transcrito de Núñez, esto en virtud de que el mismo don Joaquín, en una carta que le dirige a Billo Zeledón en 1944, acota lo siguiente: “He recordado en estos días la primera edición del Moto y el pagaré que juntos firmamos” (García Monge, Plenitud del escritor, pág.30).
Las imágenes que he incluido en esta entrada corresponden a los ejemplares que guardó don Joaquín de las primeras dos ediciones (la de 1900 y la de 1901). Como se puede apreciar en la cubierta de la primera, ésta incluye entre paréntesis el seudónimo que don Joaquín había utilizado entre los años 1898 y 1899 para firmar varios escritos aparecidos en la prensa nacional: “El lugareño”. Sin embargo, a partir de la segunda edición se elimina esa mención, que según don Fernando tuvo un propósito comercial, ya que los posibles compradores de la obra podrían identificar más fácilmente a su autor con aquel que ya se había dado a conocer gracias a sus textos en la prensa (esto no lo dice exactamente así, pero a mi modo de ver se colige bastante claramente de sus palabras… espero no hacer una interpretación demasiado extensiva de ellas).
Otro aspecto que señala don Fernando, es la inclusión de la frase “Costumbres costarricenses” (también con un propósito comercial) y que en su opinión contribuyó a forjar un persistente malentendido con respecto a la obra al otorgarle una filiación costumbrista, cuando más bien se trataba de una novela de carácter realista, con acentos críticos mucho más profundos que el simple costumbrismo folclorista que tantas veces se le ha endilgado. Su carácter realista la convirtió propiamente en una obra fundadora, que anunció el rumbo que tomaría, en el trascurso del siglo XX, el grueso de la mejor literatura nacional.
También llama la atención que don Joaquín haya escrito en la anteportada de la primera edición (por debajo de su rúbrica) una indicación temporal bastante precisa: "marzo de 1900". Como en el texto impreso no se especifica la fecha exacta del tiraje (ni tampoco el número de ejemplares, ni sello editorial alguno), podríamos asumir que se realizó ese mes. Esto a pesar de que el prólogo de la edición de 1901, escrito por Carlos Gagini y firmado en “Guadalupe, el 27 de febrero de 1900”, sugeriría más bien que la publicación es del segundo mes. Una nota entre paréntesis aclara que se trató de un artículo aparecido en la Prensa Libre. Lo que no se dice es cuándo, por lo que no se puede concluir, con base en ese único dato, que la fecha en que fue rubricado sea la misma en que fue publicado. Además, si damos crédito al relato de Núñez, hay que tener presente que Gagini leyó el manuscrito antes de ser pasado a la imprenta inicialmente y eso explicaría que haya podido escribir un artículo crítico antes de su publicación.
A pesar de todo, don Fernando Herrera, teniendo en cuenta la fecha de dicho artículo, ubica a febrero como mes probable de publicación. Tal vez esté en lo cierto, pero nosotros, al no tener a mano la fuente periodística (es decir, el ejemplar de la Prensa Libre de aquel 27 de febrero), no hemos podido confirmar que ese día apareciera, efectivamente, el escrito de Gagini. De lo que sí hay certeza es del lugar y mes de conclusión de la obra, porque figura en el propio texto a modo de cierre: “Desamparados, enero de 1900”. Y aquí nos llama la atención el poquísimo tiempo transcurrido entre la escritura y su publicación. Y lo mismo podríamos decir del breve lapso entre la primera y segunda edición: apenas un año. Como que las cosas eran muy ágiles en aquellos días o bien que don Joaquín demostraba un carácter muy inquieto.

No fue sino hasta 1959, cuando apareció la tercera edición dirigida por don Luis Ferrero y con presentación de Alfonso Reyes(4), que la novela cristalizó en una versión definitiva. Lamentablemente, don Joaquín jamás llegó a verla publicada de ese modo, puesto que murió en 1958, aunque todo indica que la había dejado aprobada con bastante anterioridad… Al menos así se puede interpretar de una carta que él le dirige a Ferrero en 1953 y que se cita en el libro de Herrera (pág. 33): “No eche en olvido las correcciones de mi Moto. Usted interpreta mis deseos. Haga la edición como le dije, etc.”. En la última versión, las modificaciones del párrafo final quedaron así: “Y las campanas con sus toques parecían responder al último ¡adiós! del Moto…”. Por el resto, don Joaquín cambió simplemente una serie de términos de influencia perediana por sus correspondientes costarriqueñismos. El propio Ferrero escribe en la nota preliminar a la tercera edición: “En general, modificó lo indispensable, pues él jamás puso mucho empeño en pulir y repulir y porque dispuso que esas pocas correcciones no llegaran a desvirtuar su obra de adolescente”.

No quisiéramos cerrar esta entrada sin alabar la hermosa tipografía modernista que fue utilizada en el título del segundo tiraje. Esta edición, hecha por la imprenta de Padrón y Pujol, era muy del agrado de don Joaquín (al menos desde un punto de vista formal) porque sobre ella le escribió a Francisco María Núñez lo siguiente: “la presentación muy bien, pero como no podía corregirla a la distancia los costarriqueñismos aparecieron desfigurados”. Según don Fernando Herrera la publicación vio la luz cuando don Joaquín estudiaba en Santiago de Chile (de ahí que hable de “la distancia” supongo yo). Por otra parte, según mi padre, la publicación fue hecha en Barcelona. Esto me llama la atención y me deja con la duda, porque la portada de esa segunda edición claramente indica “San José”. Pero aún si fuera tal como él dice, entonces quizás la distancia a la que se refiere don Joaquín es la que hay entre San José y Barcelona, aunque bien pudiera ser también la que hay entre ésta última ciudad y Santiago. En definitiva, no he encontrado aún la fuente de tales certezas referidas al lugar y fecha de publicación de la segunda edición.
Como se ve, la frase "Costumbres costarricenses" fue suplantada por: "Novela costarricense". Sin embargo, en una edición de 1969 que conservamos y que fue dirigida por mi padre, la frase "Costumbres costarricenses" vuelve a figurar, pero no en la cubierta o la portada, sino en la primera página, después del título.
Otro aspecto sobre el que me queda duda es que el señor Herrera diga en su libro (pág. 51) que en la anteportada de la primera edición aparece claramente la dirección de la imprenta de Greñas (“150 varas al Norte del Telégrafo”). Y es que en el ejemplar que fue de don Joaquín no aparece tal mención. ¿Será que le faltan páginas? Es posible, porque el tomito no está en muy buen estado y aparece descocido, aunque en apariencia esté completo.
Una pregunta que podría surgir en la cabeza del lector es la de si existe algún manuscrito de El Moto. Sería interesante, pero la respuesta que podemos dar, por el momento, es desgraciadamente negativa. Las únicas partes manuscritas que subsisten y de las que tenemos conocimiento, son las cortas anotaciones a las que nos hemos referido y otras aún menores dispersas en otras páginas.
2-Referido al novelista español José María de Pereda, a quien don Joaquín admiró.
3-Núñez fue también quien realizó la última entrevista a don Joaquín, apenas cinco días antes de su muerte. La misma fue publicada en el Diario de Costa Rica y luego recogida en su libro “Desamparados. Tierra nutricia”.
4-En realidad se trata de una situación inaudita porque hay dos ediciones de igual fecha y contenido, hechas por la misma imprenta, pero realizadas bajo diferente sello editorial: Una es del Ministerio de Educación Pública y otra de la Editorial Don Quijote (proyecto editorial de Ferrero fomentado por don Joaquín). Ambas incluyen una nota del editor, la presentación de Reyes, un texto de Abelardo Bonilla sobre don Joaquín y están bellamente ilustradas por Juan Manuel Sánchez. Esta extraña duplicidad podría obedecer a un cálculo de Ferrero, porque según explicó mi padre a Herrera (quien le hizo la consulta) “Ferrero trabajaba en el Ministerio de Educación y como sabía de la edición Salvadoreña manejada por Trigueros de León, quiso adelantarse con su propia edición pensando en continuar con otras obras de García Monge”. Ciertamente Ferrero tenía en mente un vasto proyecto editorial que lamentablemente quedó trunco hasta ahora, porque en la anteportada se incluye la siguiente mención: “Obras Completas de Joaquín García Monge”. Pero la idea iba incluso un poco más allá: A la reedición de El Moto debía seguir la edición de un libro que recogería una serie de escritos en torno a esa novela, tomo para el cual Ferrero ya hasta había pensado en un nombre: “Suplementos a las Obras Completas de Joaquín García Monge. Documentos de Trabajo Nº1”.
La edición salvadoreña a la que alude mi padre salió también en 1959, pero bajo el título “Tres Novelas” e incluye, además de El Moto, otras dos obras de don Joaquín: “Hijas del Campo” y “Abnegación”.