22.11.08

La suspicacia del bardo

En el año 1911, cuando don Joaquín aún no era conocido como el célebre editor que años más tarde llegó a ser (el Repertorio Americano nació en 1919), le pidió al gran poeta Rubén Darío autorización para publicar, posiblemente en las Ediciones Sarmiento (que vieron la luz precisamente en 1911), algunos cuentos y versos.

Desde París, Darío le respondió con una negativa. La razón la explica así: "en virtud de no haber en los países de América tratados ni leyes especiales que garanticen de un modo efectivo la propiedad literaria, se hace, a menudo, desautorizadamente, esa clase de publicaciones".

Sorprende bastante esta respuesta de Darío, ya que precisamente don Joaquín le está pidiendo autorización para hacer una publicación. Por eso sostenemos la hipótesis -algo irreverente y osada- que tal argumento fue simplemente un pretexto "de cortesía" para negar su autorización a un desconocido, que tal vez -suponía él- hacía publicaciones que no estaban a la altura de lo que acostumbraba el poeta. Nótese que para entonces Darío era el director literario de "Mundial Magazine" editado en la ciudad luz. Esta revista mensual circuló sin interrupción entre 1911 y 1914 y al parecer, quien más publicó en ella, fue el propio Darío. Un estudio de parte de esa obra aparece aquí.

El bardo nicaragüense murió en 1916. En vista de la enorme cantidad de textos suyos que aparecieron años más tarde en el Repertorio, suponemos que don Joaquín no volvió a preocuparse de pedir autorizaciones, o si las pidió, le fueron acordadas por quienes tenían los derechos, pero de ello, hasta donde sabemos, no queda constancia. Pero es aún más importante recordar que entre 1919 y 1920, finalmente apareció en las referidas Ediciones Sarmiento una colección de escritos de Darío publicados en la prensa costarricense, compilada por Teodoro Picado. Esta colección fue reunida en dos tomos y se tituló "Rubén Darío en Costa Rica, 1891-1892". ¿Serían estos los mismos textos que don Joaquín quería publicar en 1911? (pero no en dos tomos sino en "un epítome", según se desprende de la propia carta de Darío).

Como curiosidad se puede señalar el hecho de que el nombre real de Darío era Félix Rubén García Sarmiento, es decir, sus apellidos presagiaban una combinación del nombre de la colección donde se recopilaron sus escritos del período costarricense y el propio apellido del editor.

(Nota: Recordamos una vez más lo que siempre decimos: Para ver en detalle la mayoría de las imágenes, y en particular esta respuesta de Darío, hacer click en ella y agrandarla con el zoom.)

2 comentarios:

Ronald Castro Fernández dijo...

Tal vez... tal vez Don Joaquín conoció al primogénito de Darío, Rubén Darío Contreras, que al fin y al cabo es costarricense por nacimiento. Don Joaquín era 10 años mayor que él y ambos tenían especiales lazos intelectuales en el cono sur que pudieron representar un hilo de comunicación.
Aunque desconozco sí Darío Contreras tuvo algún derecho sobre la obra de su padre después de su muerte, podría ser una posibilidad para considerar sobre el porqué la publicación, post mortem, de obras de Darío en el Repertorio Americano.
Reciba, Don Eugenio, un cordial saludo.

Quimera dijo...

Don Ronald, interesantes datos nos brinda. Esa es una hipótesis interesante. No tengo medio de comprobarla, pero quizás otra persona pueda hacerlo. Muchas gracias por su aporte.